Tienes 30, 40 o 50 años... ¿Te merece la pena hacer un doctorado?

Buena pregunta.

Aunque es muy difícil de responder y personal, no te voy a engañar.

Has de evaluar multitud de factores que nadie más que tú puede considerar.

Por ello, en este artículo te voy a desvelar todos los pros que le veo a hacer un doctorado, sí; pero tampoco me voy a olvidar de los contras y de los grandes obstáculos a los que se puede enfrentar alguien en tu rango de edad (y que pueden ser muy diferentes de las resistencias que llegue a sufrir alguien en la veintena).

Sin pelos en la lengua, te pongo todas las cartas sobre la mesa.

Para que sepas qué puedes conseguir y dónde te vas a meter al momento de tomar una decisión tan trascendental como esta.

portada de hacer un doctorado a los 30

¿Es la edad un factor crítico para hacer un doctorado?

La edad por sí misma, no es en absoluto un factor determinante a la hora de realizar o no un doctorado.

Obviamente al cursar un programa de este tipo, hay competencias que a día de hoy es importante poseer y para las que las nuevas generaciones cada vez reciben más formación: el inglés, manejo de tecnologías, estadística, habilidades para la gestión de la información...

Pero cualquiera puede aprender esas competencias con tiempo, práctica y dedicación.

Por otro lado, tu propia experiencia vital también puede suponer seguramente una ventaja para la realización de un doctorado: mayor compromiso, resiliencia, independencia, autoconocimiento...

Con todo esto, las variables que realmente te deberían preocupar no son las que te acabo de mencionar, sino los compromisos que generalmente se asumen en la franja etaria de los 30 a 50 años en distintos dominios:

Familia...

Trabajo...

Dinero...

Tiempo...

Qué decirte... ¡La vida adulta!

Este tipo de claves son las que verdaderamente SÍ has de considerar al decidir realizar un doctorado.

Porque no son ya tan fácilmente modificables, y porque son las que determinarán si...

...lo dejarás a medio terminar por falta de tiempo o frustración.

...tu trabajo de investigación tendrá la calidad suficiente para ser presentado como tesis doctoral.

...acabarás con un problema de ansiedad, depresión o salud mental.

Nunca es tarde para hacer un doctorado, pero no debemos obviar los deberes y las responsabilidades que generalmente se adquieren con la edad.

Hay cierto tipo de inversiones vitales que, por lo general, son más fácilmente asumibles a edades tempranas por implicar menos riesgos, mayor retorno potencial y un menor coste-oportunidad.

El doctorado es una de ellas.

¿Cómo pueden impactar este tipo de compromisos en tu doctorado?

Te lo detallaré a continuación.

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Pero antes que nada... ¿Por qué sí y por qué no deberías cursar un doctorado?

Clasificar en buenos o malos los motivos para realizar un doctorado es una tarea absurda.

Porque no es objetiva.

Mientras que tu puedes tener unas razones para hacerlo, yo puedo tener otras.

Y tanto las tuyas como las mías son perfectamente válidas desde nuestros contextos, intereses y proyecciones vitales.

En cambio, aunque las motivaciones pueden ser igualmente aceptables, también es cierto que nos podrán ser más o menos útiles para nuestros respectivos propósitos.

Para impulsarnos y mantenernos comprometidos con nuestros objetivos.

Porque verás, realizar un doctorado es un gran desafío.

En lo intelectual, pero también en lo personal.

Es un proyecto de 3 a 6 años de duración que implica realizar una gran cantidad de sacrificios temporales, económicos, sociales...

Por lo que, para llegar a completarlo, creeme cuando te digo que necesitarás de una cantidad enorme de motivación, atención, resiliencia y compromiso.

Y estas cualidades solo te las proporcionará tener una adecuada distribución de motivos en la dirección e intensidad justa.

Razones para realizar tu doctorado que principalmente no sean muy volátiles o dependientes de tu estado de ánimo y que, por el contrario, se ajusten a valores personales, rasgos de tu personalidad u objetivos vitales más estables en tu vida.

Como para el escalador que pretende alcanzar la cima de una montaña, puedes optar por apoyarte en cualquier roca.

En mayor o menor medida, todas son un potencial soporte.

Sin embargo, por lo general solo algunas de estas piedras, poseerán el grado de firmeza suficiente para darte la estabilidad y el impulso que necesitas en tu ascenso sin agotarte o caerte por el camino.

Con todo esto, voy a intentar clasificar los motivos que se te podrían ocurrir para realizar tu doctorado de más o menos útiles, en función de su solidez potencial para mantenerte comprometido con tu cometido académico.

Para ser investigador profesional o profesor universitario

Salvo excepciones, si lo que deseas es conseguir una plaza como profesor universitario o ejercer como científico en un centro de investigación, es necesario estar en posesión del título de doctor. No te queda otra.

Especialización en un ámbito profesional concreto

Convertirse en doctor implica desarrollar un proyecto de investigación teórico o aplicado acerca de un aspecto muy concreto de la realidad.

Un trabajo de varios años que culmina con la publicación y defensa de una tesis, en la que se aportan nuevas evidencias científicas que contribuyen al avance de ese campo.

Durante este tiempo, un experto en la materia supervisa tu trabajo y progreso, y te mentoriza en tu aprendizaje ayudándote a avanzar y aprender mucho más de lo que podrías conseguir por tus propios medios.

Si sientes curiosidad por un campo específico dentro de tu dominio de intereses, realizar un doctorado puede ser una oportunidad excelente para estar expuesto a los tutores más experimentados, realizar una contribución valiosa al saber sobre esta materia, y poder posteriormente acreditar ese conocimiento.

Por satisfacer tu curiosidad intelectual

Para una persona curiosa, a la que le gusta aprender e indagar, realizar un doctorado puede ser una de las experiencias más satisfactorias que encontrará.

Constantemente estarás bordeando los límites del conocimiento de tu campo de estudio y expuesto a la vanguardia tecnológica.

Simultáneamente estarás en contacto con lo inexplorado y con lo novedoso.

Nada de rutina, la mayoría de los días podrás aprender algo nuevo y te plantearás curiosas preguntas que estarás deseando resolver.

Te sentirás como el lider de una expedición por la jungla, que abre camino a su paso con un machete.

Por otro lado, si lo que te gusta es la investigación, el método científico y vivir desde dentro lo que implica realizar un descubrimiento científico, no encontrarás otra forma mejor de desarrollar unas habilidades de investigación sólidas.

Un chute de útiles aprendizajes vitales

Realizar un doctorado no solo garantiza tu especialización en un campo muy concreto de la realidad, sino que también te dotará de una amplia gama de habilidades transversales aplicables en muchos terrenos:

  • Habilidad para la gestión del tiempo y proyectos.
  • Experiencia en la comunicación oral y escrita.
  • Capacidades de liderazgo y gestión de relaciones sociales.
  • Competencias en la búsqueda y gestión del conocimiento por Internet.
  • Pensamiento crítico y sistémico.
  • Autoconocimiento, curiosidad y capacidad de introspección.
  • Habilidades creativas y conocimiento profundo sobre el proceso de innovación.
  • Gestión emocional, de la ansiedad e incertidumbre.
  • Habilidades de programación y análisis estadístico.

En definitiva, una serie de competencias clave en cualquier ámbito de tu vida en el s.XXI.

Para realizar una pequeña contribución a la ciencia

Algunos tienen el propósito vital de aportar algo al futuro de nuestra humanidad, dejando una marca positiva en la ciencia.

Dejar un pequeño legado que transcienda a su vida.

En mi caso, tengo esta espinita clavada desde que era pequeño.

Por esta precisa razón, creé este proyecto de NeoScientia mientras yo mismo me formaba (y me formo) como científico.

Si mientras yo avanzaba en el camino de la ciencia, ayudaba de paso a otros jovenes investigadores con los aprendizajes que yo fuera adquiriendo, escalaría mis esfuerzos para dejar una mayor marca en esta.

Y por este motivo, ahora estás leyendo este artículo.

Verás, no quiero llamar a engaño, realizar un doctorado no garantiza que vayas a realizar una gran contribución científica.

Al menos, con tu tesis podrás aportar un pequeño grano de arena a la gran duna de conocimientos de tu campo. Esto es lo único que te garantiza, nada más.

Al final, puedes dejar una huella mayor por otras vías o sin necesidad de conseguir un grado académico de este tipo.

No obstante realizar un doctorado es, por lo general, la mejor forma de acceder a ciertas habilidades clave, conocimientos y oportunidades que maximizarán tus posibilidades de conseguirlo; tanto si pretendes dedicar tu vida profesional a la ciencia, como si pretendes investigar de forma puntual.

Alcanzar un hito personal

Dicen que en la vida hay que realizar al menos tres cosas: plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo.

Algunas personas añaden a esa breve lista una meta más: realizar un doctorado.

Y es que convertirse en doctor/a, puede llegar a ser un reto doloroso pero inspirador y motivante.

Hasta cierto punto, una actividad sadomasoquista.

Supone llegar al nivel académico más alto, a la cumbre de la montaña de la educación.

Y por esta razón, como quien realiza una maratón o escala el Everest, muchos se embarcan en esta aventura como un desafío de superación personal.

Para demostrarse a ellos mismos, a los demás y a su propio pasado que son capaces; para conocer sus propios límites personales; o para recorrer temporalmente un camino que les proporcione una mayor claridad sobre sus valores en la vida.

Entrar en contacto con personas inquietas, motivadas e inteligentes

Dicen que somos la media de las 5 personas que nos rodean.

También dicen que *somos lo que comemos*.

En lo que duren tus estudios de doctorado seguramente entrarás en contacto con compañeros investigadores con una personalidad muy similar a la tuya: ambiciosos, curiosos, analíticos...

Personas con las que podrás mantener conversaciones super estimulantes, críticas, razonadas y en las que podrás aprender muchísimo.

Juntarte con compañeros inconformistas, puede motivarte y ayudarte a evolucionar como persona y profesional.

Por una supuesta mejor valoración social o por las oportunidades laborales

No nos engañemos, como en toda organización vertical el sistema académico está lleno de egos, elitismo y luchas de poder.

Para algunos, llegar a lo más alto del sistema académico supone, no solo alcanzar un hito en su trayectoria profesional, sino también en la personal creyendo ascender de estatus y clase social.

Piensan que, por el simple hecho de estar en posesión de un título que se supone que acredita ciertos conocimientos, el mundo les debe algo y tendrían serían tratados con reverencias por los demás:

"Trátame de doctor, por favor".

Viven encerrados en su pequeña torre de marfil, pensando que el mundo gira en torno a ella.

Muy a su pesar, sus ínfulas son simplemente el reflejo de un pasado ya inerte, el autoengaño, y una ceguera deliberada a la verdadera realidad por la que se rige el mundo.

En el s.XXI realizar un doctorado ya no tiene ni la valoración profesional ni el significado que tenía en tiempos pasados.

No es garantía de nada.

Es pan para el ego y hambre para el empleo.

Ahora, la valoración social está desligada de la profesional y si bien es cierto que tener un doctorado puede estar bien visto socialmente, esto no se demuestra en una mayor cantidad de oportunidades profesionales para las personas que ostenten este título.

A día de hoy, hay roles profesionales mucho mejor valorados y a los que se destina una mayor cantidad de recursos, que no necesitan de un doctorado o incluso de estudios académicos.

Tal es la situación, que la mayoría de las personas que desean dedicarse profesionalmente a la investigación o docencia universitaria, se ven obligadas a marchar de su país por falta de financiación y escasez de empleo.

En el ámbito privado y para aquellos que no pretenden con su doctorado dedicarse a la investigación, depende mucho del campo. Hay doctorados que no permiten desarrollarte más allá de lo académico, mientras que otros te abren amplios horizontes laborales.

Para ciertas posiciones laborales muy especializadas, como las relacionadas con las nuevas tecnologías, ostentar un doctorado en la materia es un activo muy importante. Sin embargo, estas son más bien escasas en las geografías de nuestros países. Así que si tienes familia e hijos...

La mayoría de las veces, los doctores no ejercen labores íntimamente relacionadas con sus estudios y no son contratados por sus conocimientos hiper-especializados en una materia concreta, sino por las variadas habilidades transversales adquiridas durante la realización de su tesis.

Habilidades que muchas veces es posible adquirir por otras vías menos dolorosas y que impliquen un menor coste-oportunidad.

En vista de todo esto, sea cual sea tu campo, estudiar un doctorado únicamente con la intención de aumentar tus oportunidades laborales y pagar tus facturas me parece arriesgado.

De hecho, a veces supodrá para ti todo lo contrario: un limitante psicológico que te impedirá aprovechar gran cantidad de oportunidades laborales por considerar que no cumplen tus estándares una vez ya eres doctor; y una resistencia a la empleabilidad por la percepción de los doctores como personas sobre-cualificadas, reivindicativas e insuficientemente sumisas para gran parte de las vacantes profesionales.

Como forma de evitar exponerte a un complejo mercado laboral o satisfacer los deseos familiares

Verás, aunque es una conducta mucho más frecuente entre los jóvenes que recientemente acaban de salir de la universidad, no son pocos los que se embarcan en un doctorado porque no tiene otra cosa que hacer, porque es la opción más sencilla.

No encuentro trabajo, luego realizo un doctorado.

No quiero enfrentarme a buscar y aceptar un trabajo que no cumple mis ideales en un complejo mercado laboral y tengo soporte familiar, así que uso el doctorado como mecanismo de evitación.

Muchos justifican su decisión con que realizarlo les proporcionará más conocimientos y una mejor empleabilidad.

O también, por satisfacer o simplemente por aplacar los deseos de la familia:

*¿Cómo no te planteas hacer el doctorado?*

La cuestión es que hacer un doctorado es duro: implica mucha incertidumbre, dedicación, compromiso y sacrificios vitales.

Cuando a la primera de cambio, veas que todo era más fácil antes y que esto te supera, estarás deseando dejarlo porque realmente no es lo que te apetece hacer, sino lo que has decidido hacer dadas las inciertas circunstancias en las que te encontrabas.

🤩 [INFOGRAFÍA] 9 motivos que deberías considerar para decidir hacer o no un doctorado cuando tienes 30, 40, o 50 años... pic.twitter.com/41gMugTRTT No te pierdas este artículo: 👉

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[INFOGRAFÍA] 9 Motivos que deberías considerar para decidir hacer o no un doctorado

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termómetro para identificar tus motivos para hacer un doctorado

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Los obstáculos que te encontrarás si tienes 30, 40 o 50 años al hacer un doctorado

Dificultades para compatibilizar el doctorado con tu ocupación principal

La mayoría de las personas que conozco que realizan su doctorado a partir de los 30 años, trabajan al mismo tiempo.

Es decir, cursan un doctorado a tiempo parcial y sin financiación alguna.

Esta situación suele ser bastante más difícil de gestionar que un doctorado a tiempo completo y con soporte económico.

Al menos, en el aspecto temporal y motivacional.

Piensa que un doctorado, sería algo así como tener otro trabajo encima del que ya tienes.

Cursar un doctorado implica leer artículos científicos, hacer análisis estadísticos, recopilar datos, realizar búsquedas bibliográficas, contestar emails...

Vamos, que tareas no te van a faltar.

Teniendo en cuenta esto, no suele ser extraño que tengas que pedir muchos permisos en tu trabajo para poder alcanzar a realizar ciertas tareas o acudir a ciertos eventos.

Tampoco lo es que acabes empleando más tiempo del inicialmente esperado en realizar tu doctorado.

Hay gente que lo saca en 2 o 3 años, pero son casos atípicos.

Lo habitual es que los imprevistos, la sobrecarga laboral y tus responsabilidades del día a día, acaben alargando tu doctorado hasta la extensión máxima permitida por la universidad (generalmente 5 años).

Todo va a depender de la temática de tu doctorado, de la dificultad de este, de tu director de tesis, de la exigencia laboral...

Por otro lado y si tienes un trabajo a tiempo completo, también es muy probable que te puedas ver trabajando en tu tesis a altas horas de la tarde cuando ya estás cansado tras una larga jornada de esfuerzos, o durante los fines de semana.

Así que quizás realizar un doctorado sea una actividad más viable para ti con un empleo con períodos de trabajo relativamente distendidos, a media jornada, o con bastante flexibilidad horaria.

Las tareas apareceran hasta de debajo de las piedras

Vas a desear que el día tenga 48h:

  • Empleo a tiempo completo.
  • Dedicar tiempo para avanzar en tu tesis.
  • Desplazamientos: ir a hacer la compra, ir al banco, ir al trabajo, acudir al laboratorio o universidad...
  • Hacer las tareas de casa: preparar la comida para el día siguiente, la ropa, la limpieza...
  • Dedicar tiempo a los hijos/familia/amigos...
  • Gestión de imprevistos
  • Dormir

Esta sería una buena representación de la distribución de tu tiempo en lo que tardes en realizar tu tesis doctoral.

No he incluido el ocio o NetFlix porque, en estas condiciones, difícilmente tendrás tiempo para eso.

Más allá de tu tiempo de trabajo, si ya te es difícil gestionar tu día a día sin doctorado, con una tesis a cuestas lo será aún más.

Y esto es algo que no suele notarse cuando uno se embarca en esta aventura.

Y no se nota porque estás motivado, animado y realizar el doctorado es una prioridad para ti.

Sin embargo, la realidad es que conforme vaya pasando el tiempo, encontrar tiempo para dedicarlo a tu tesis te será cada vez más complicado.

No necesariamente porque la distribución de tu tiempo se ve alterada de algún modo (que también puede ser), sino por la perdida de motivación.

Lo más normal es que a medida que pasen los meses, te comiences a preguntar: 

  • "¿Por qué me habré metido yo en esto?"
  • "¿Merece la pena todo este sacrificio?"
  • "¿Por qué no soy capaz de avanzar con mi tesis?"

...y la desgana y frustración aparezcan bloqueándote y sentando las bases para la distracción.

Seguramente surjan en tu vida nuevos proyectos que te llamen más la atención que tu tesis; o aparezcan compromisos laborales *ineludibles* (y que utilizas como mecanismo de evitación), que te distraigan de tus objetivos académicos dejándolos en segundo plano y dificultando aún más la gestión de tu tiempo.

perdida motivación al hacer un doctorado

En este sentido, para intentar echarte una mano con esto y desprenderte de algo de tu estrés, hace unos meses creé mi guía gratuita 120 horas para tu tesis, que promete ayudarte a liberar al menos 20 minutos diarios para tu investigación.

Un tiempo mínimo que puedes dedicar a hacer avanzar tu tesis doctoral, cuando parece que las tareas salen hasta de debajo de las piedras.

Si te interesa, puedes descargarla aquí:

Problemas para la conciliación familiar

Tiempo para tus amigos y familia...

Dependiendo de cómo sea tu doctorado y de la presencialidad que este requiera, puedes llegar a echar de menos pasar más tiempo con ellos.

(O quién sabe si todo lo contrario)

Pasarás gran cantidad de tiempo fuera de casa y cuando esto no sea así, emplearás más horas de las que te gustaría frente a tu ordenador acabando tareas pendientes, leyendo artículos científicos, haciendo análisis o contestando emails.

De esta manera, la gestión de la relación de pareja o el cuidado familiar tanto de niños como de mayores a tu cargo, puede llegar a ser una tarea compleja.

Implicará sacrificar tiempo para ti, solicitar permisos en el trabajo o desplazarte apurado constantemente (más de lo que ya es habitual para ti).

Muchas veces, para evitar enloquecer con la situación, necesitarás contar con una figura de apoyo que te ayude a lidiar con este tipo de actividades.

En otro sentido, cuando el resto del mundo se esté divirtiendo o relajando, tu tendrás que trabajar. Seguirás unos ciclos de trabajo/descanso distintos a los de la mayoría de la gente de tu núcleo.

Con ello, tendrás que hacer frente a la distración constante: ruidos, música, llamadas...; y a la incomprensión y presión social a unos niveles mucho más elevados que los que uno esperaría con 20 años.

Y es que, a muchos de tus allegados les costará entender:

  • Por qué de pronto ya no puedes dedicarles tanto tiempo como antes.
  • Los motivos que te llevan a hacer el doctorado en una etapa vital distinta a lo esperable.
  • Por qué razón estás pasando tanto tiempo estudiando algo que para ellos no tiene relevancia ni interés ninguno.

Te dirán:

  • "¿Pero tú, a tu edad, qué haces todavía estudiando? ¿No te basta con la carrera y trabajo que ya tienes? ¿Para qué quieres más? ¿Te pagan algo?"
  • "¿Y eso que tu estudias para qué sirve? ¿Qué utilidad tiene?"
  • "Ya no te vemos el pelo..."
  • "Estoy harto/a de no pasar más tiempo contigo."

Sentirás que...

...todo el mundo evoluciona, es feliz y camina hacia adelante, mientras tu inviertes horas en algo que no sabes si tiene sentido o va a servir para algo.

...todo el mundo te presiona para que le dediques más tiempo, con la consecuencia que ello implica: dedicar menos tiempo para avanzar en tu doctorado, y más estrés al ver que el trabajo no avanza y el tiempo no da para nada.

...estás solo/a ante el peligro. La gente no te demuestra demasiada comprensión, no te alienta a perserverar, y no depositan demasiadas expectativas en que puedas con ello.

Y lo peor de todo, es que la presión también podrá venir por la parte académica.

La alta competitividad de ciertos sectores hace que todo el mundo trabaje en exceso (o al menos, le guste aparentar hacerlo calentando bastante la silla).

De esta manera, percibir que tus compañeros no paran de trabajar, puede llegar a hacerte sentir que descansar o dedicar tiempo para ti es algo negativo e improductivo.

Como consecuencia, es probable que caigas en la misma dinámica que tus compañeros aumentando aún más tu quemazón mental.

😮 Los 5 grandes obstáculos que te encontrarás si tienes 30, 40 o 50 años al hacer tu doctorado, y que nadie te suele contar cuando te embarcas en esta aventura. pic.twitter.com/41gMugTRTT No te pierdas este artículo: 👉

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Inseguridad y estrés

A pesar de todo lo que te acabo de comentar, no te has de preocupar por perder amigos pues, al fin y al cabo, ganarás otros dos nuevos: la incertidumbre y el estrés.

En primer lugar, es posible que sientas constantemente la presión por terminar tu tesis en el tiempo límite máximo dado por la universidad. Generalmente, 4 años + 1 año de extensión.

¿Por qué motivos?

  • Muchas veces tendrás la duda de si tu investigación va a poder dar algún fruto antes de que venza el plazo...
  • Si te encontrarás algún error o imprevisto que te obliguen a repetir en algún punto tu estudio...
  • Si estás tomando la decisión correcta a cada paso que des en tu proyecto...
  • Si estás interpretando correctamente algunos resultados contradictorios...
  • Si tu investigación es lo suficientemente novedosa, relevante, interesante y factible para sacarla adelante...
  • Si podrás publicar tu trabajo en ausencia de resultados positivos...
  • Si será posible recoger toda tu muestra o realizar los análisis requeridos en un intervalo de tiempo dado...

En segundo lugar, la cantidad de cosas que a veces te sentirás en la necesidad de aprender y demostrar al realizar un doctorado, puede desbordarte en un inicio.

Hasta el punto de que el síndrome del impostor te acabe bloqueando e impidiendo sentirte cómodo/a en tu camino académico.

Sufrirás esa sensación de:

  • "Yo no debería estar aquí..."
  • "Mejor lo dejo, porque mira que joven e inteligente es todo el mundo y mírame a mí, a mi edad."
  • "Yo no puedo con todo esto, no me entero de una..."

Tu necesidad de dar la talla y tu perfeccionismo intrínseco (que seguramente padezcas si te estás planteando realizar un doctorado), serán dos constantes que castiguen tu autoestima y autoconfianza hasta completar tu doctorado.

Finalmente, la excesiva carga laboral, la pérdida de tu vida social, y la falta de descanso y diversión también irán poco a poco haciendo mella en ti.

Con el paso del tiempo te verás más irritable, dormirás peor, podrás llegar a sentir alguna que otra presión en el pecho o la necesidad de suspirar...

Entrarás en el ciclo vicioso de la ansiedad.

El estrés impidirá que trabajes en tu tesis motivado y concentrado y, al mismo tiempo, esto podría reforzar tu ansiedad por no permitirte alcanzar tus expectativas en la medida en que te gustaría.

Relaciones conflictivas con tu director de tesis, universidad y a veces, compañeros

Las relaciones sociales pueden llegar a ser para muchos lo más complicado de su doctorado.

En primer lugar, en lo que respecta a las relaciones con la universidad.

Puede que tengas 20 años de experiencia en tu sector, que seas un reputado profesional en tu campo, o que incluso ya tengas más curriculum que muchos de los académicos que dirigirán tu tesis doctoral; sea como sea, iniciar tus estudios de doctorado puede volver a hacerte sentir como un adolescente.

¿Por la energía y la vigorosidad sexual?

Lo dudo, más bien por el trato que recibirás.

Trabas y burocracias sin sentido, falta de compromiso, menosprecios e indiferencia y todo ello, acompañado de cierto paternalismo.

Para la universidad no serás el reconocido profesional o persona madura que a ti te gusta pensar que eres. Por el contrario, serás un estudiante al uso, con todas las características que generalmente van asociadas a la identidad de estudiante.

Obviamente cada institución es un mundo, esto es simplemente lo que me reconocen muchas de las personas con las que he podido compartir charlas en torno al tema abordado en este post.

Para muchos, este trato puede llegar a suponer tal problema en su autoestima que drene su motivación por continuar con su doctorado.

Por otro lado, en lo referente a tus directores de tesis, también es probable que surjan problemas, algunos de ellos similares a los que acabamos de comentar y otros, derivados principalmente de la relación supervisor/es-doctorando:

  • Falta de acuerdos sobre la temática, la aproximación a la investigación o los tiempos en los que se ha de realizar esta.
  • Incompatibilidad de egos y personalidades.
  • Expectativas distintas sobre lo que supone para cada uno realizar un doctorado, y los compromisos que ello requiere.
  • Inconsistencia en las opiniones, exigencias, valoraciones apresuradas y críticas injustificadas hacia tu tesis doctoral.
  • Absentismo, despreocupación, falta de soporte, e indiferencia hacia tu investigación.

Como te digo, aunque no tienen por qué, estos son algunos de los obstáculos más frecuentes que pudieran llegar a surgir en tu relación con tu director/es de tesis, y que podrían hacer que te replantees tu doctorado.

Falta de financiación

Desgraciadamente, no existen apenas (por no decir que no existen), becas que te permitan hacer un doctorado a tiempo parcial.

(Y si conoces alguna por favor, coméntamelo abajo para poder complementar este artículo)

La mayoría implican una dedicación a tiempo completo y si ya tienes un trabajo, implicaría dejar ese trabajo —pues estas becas suelen tener una cláusula de exclusividad laboral— o solicitar una excedencia temporal.

Con todo esto, si tienes 30, 40 o 50 años, lo más normal es que financies tu doctorado con el sudor de tu frente.

A veces, dependiendo del sector en el que te muevas y de tu proyecto de investigación, poner dinero de tu bolsillo para pagar la matrícula del doctorado puede ser viable, pero otras tantas no será suficiente.

El proyecto requerirá de recursos económicos y materiales adicionales que el grupo de investigación al que te incorpores puede tener o no tener.

Muchas veces, tras tu aceptación para el doctorado, te sugerirán presentarte a convocatorias para obtener financiación con plazos de concesión impredecibles, aumentando aun más la incertidumbre y dificultando el desarrollo de tu tesis.

Por todo lo dicho, si no quieres complicaciones mentales, asegúrate de que tu proyecto de investigación sea factible y puedas financiar tu doctorado de algún modo antes de comenzarlo.

Joder, ¡Qué mal me lo pintas, Pedro! ¿Debo entonces realizar un doctorado?

Por lo que te acabo de comentar en la última sección, pudiera parecer que tragar agujas es una actividad infinitamente más placentera que cursar un doctorado.

Y es que, repito, en la mayoría de los casos realizar este tipo de programa académico es una experiencia dura y exigente.

No es ir a jugar al parque de bolas. Tampoco ir a fiestas universitarias.

No vas simplemente a estudiar como muchos piensan, vas a currar y a sufrir.

Vas a tener que realizar sacrificios en muchas áreas de tu vida, que nadie se engañe.

Pero también es una actividad que cuando la vives y a pesar de sus grandes costes, también puede traer a tu vida muchos aprendizajes, habilidades transversales y crecimiento personal.

Sobre todo cuando ya tienes cierta madurez mental y la voluntad de aprovechar al máximo la experiencia.

Al acabar tu doctorado:

  • Te sentirás competente e incluso experto en muchas áreas en las que antes no te sentías para nada capaz y no dabas un duro por ti.
  • Tendrás una confianza muy superior en ti mismo/a. Cuando te enfrentes a la incertidumbre, mirarás atrás y verás como en el pasado y sin saber muy bien cómo, ante situaciones que parecían catastróficas durante tu tesis, saliste adelante. Con ello, ahora serás capaz de depositar más confianza en que tus habilidades actuales, serán suficientes para llevarte a buen puerto ocurra lo que ocurra. Aunque no veas nada con claridad y aunque debas de aprender nuevas cosas.
  • La exposición constante a la crítica te hará insensibilizarte a esta, y darás mucha menos importancia a lo que otras personas puedan opinar de ti o de tu trabajo. En el mundo académico, es parte del juego. De igual manera, también desarrollarás nuevos valores: apreciarás más tu tiempo y el de los demás; lo que implica adquirir el conocimiento y volverse experto en un campo; darás más importancia al descanso...
  • Por supervivencia, te volverás una persona mucho más productiva y descubrirás nuevos mecanismos para gestionar mejor tus emociones y estrés; también comprobarás que a veces no es tan malo pedir ayuda cuando uno lo necesita.

Sintetizando: experiencias y habilidades que una vez las adquieres, no serías capaz de renunciar a ellas.

¿A nivel profesional te desarrollarás o maximizarás tus oportunidades? En mi opinión, no tanto como en el aspecto personal.

Así que lo que primero que haría, sería reflexionar concienzudamente sobre lo reflejado en la sección e infografía de más arriba:

  • ¿Cuáles son tus motivos?
  • ¿Por qué quieres cursar realmente un doctorado en X materia?
  • ¿Qué habilidades, experiencias y oportunidades crees que te permitiría conseguir en tu caso tanto en la esfera personal/profesional?

Los anotaría y desarrollaría en un papel.

Posteriormente, los puntuaría y ordenaría según su utilidad percibida para la consecución de mis objetivos vitales y su concordancia con mis valores.

En segundo lugar y poniendome en los peores de los casos (como los que te he detallado), me preguntaría:

  • ¿Estaría dispuesto/a a pagar el precio por estos motivos? ¿Sería capaz de realizar tales sacrificios?
  • ¿Podría obtener los aprendizajes y oportunidades laborales que deseo conseguir por otras vías? ¿Cuál es el coste-oportunidad real de realizar un doctorado en mi vida?

Si me preguntaras a mí —y ojo, esta es mi visión según el contexto personal que me ha tocado vivir a mí hasta el momento y a mis aprendizajes durante este—, me daría la oportunidad de cursar un doctorado.

Por poco que este te aporte, ya habrá merecido la pena.

Y digo intentaría, porque tampoco me temblaría el pulso en dejarlo si viera que a largo plazo no cumple con mis expectativas, tiene un mayor coste-oportunidad de lo que yo pensaba, o implica sacrificar ciertos aspectos de mi vida que no me podría perdonar no vivir.

Obviamente, sabiendo que me estoy metiendo en la boca del lobo, tampoco lo abandonaría a la mínima.

También lo abandonaría si veo que mis motivos se ven alterados drásticamente, pues hay que reconocer que los objetivos vitales son dinámicos y nuestras condiciones vitales pueden verse alteradas radicalmente bajo multitud de circunstancias.

Salvo que te obsesione dedicarte profesionalmente a la investigación o ser profesor universitario, ¡No acabar tu doctorado no es el fin del mundo!

¿Te joderá tener que dejarlo? Sí.

¿Pasarás un tiempo de duelo? También.

¿Te sentirás como un fracaso humano? Seguro.

¿Pero significa eso realmente que no seas capaz? Francamente, no.

Por el contrario, significa que eres valiente, tienes dos dedos de frente y que por delante de un título académico pones tu tiempo, tu salud física y mental, tu dinero, tu vida y la de los demás.

Y eso es algo que te costará ver por un tiempo, cuando tu mente esté todavía anclada en la esfera y tradición académica.

Puede que no adquieras algunos conocimientos y no vivas ciertas experiencias, pero también es posible que adquieras otros saberes y experimentes oportunidades muy valiosas que no hubieras podido vivenciar de otro modo.

Hay miles de proyectos intelectuales en los que emplear tu tiempo igualmente gratificantes y exigentes cognitivamente, con mayor potencial final de recompensa, y sin necesidad de tanto sacrificio.

Mientras tengas la voluntad de aprender, aportar y mejorar, el doctorado es sólo una alternativa más de entre todas tus opciones para conseguirlo.

Si algo te aconsejaría es que, si decides embarcarte en la aventura de realizar un doctorado, reflexionaras periódicamente sobre esto que te acabo de contar.

Por ejemplo, cada seis meses o cada año.

Y cuanto antes empieces a hacerlo, mejor que mejor.

¿La razón?

Muchos de los doctorandos que se dejan llevar por los cantos de sirena sin pararse a analizar en qué punto se encuentran a cada momento, acaban perdiendo totalmente el norte.

Al final, alcanzan un punto que ni son capaces de avanzar, ni de retroceder en sus doctorados.

Por un lado, se encuentran tan hastiados, desmotivados y quemados con su trabajo que desean abandonar su doctorado. No ven progresos en su tesis, no reciben ningún apoyo por parte de su director de tesis o universidad, sienten la incertidumbre y presión constante por publicar... Están deseando mandarlo todo a la mierda y retomar la vida que tenían antes.

Por otro lado, la inercia y el sesgo de costo hundido les presiona a continuar por todo lo que ya han invertido hasta el momento en su doctorado y lo que teóricamente podrían llegar a conseguir. Se sienten en la obligación de no abandonar y con el miedo de perder todo lo que han logrado ya.

dilema a la hora de hacer un doctorado

Si estás pensando en realizar un doctorado 👩‍🎓🧑‍🎓próximamente y tienes más de 30 años 👵🏻, entonces no te puedes perder este artículo. Sin lugar a dudas, te interesará muy mucho: pic.twitter.com/41gMugTRTT 👉

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Como te imaginarás, estar en esta situación durante mucho tiempo puede acabar con tu salud física-mental, pero también con tus relaciones sociales.

Y sinceramente, eso es algo que no merece un título académico realmente prescindible.

Por esta razón, te recomiendo que comiences a evaluar cuanto antes el estado de tu doctorado y tus expectativas sobre tu trayectoria en este.

Para que en el caso de tener que tomar la decisión de abandonar tu doctorado, te sea más fácil hacerlo al no haber realizado una inversión tan grande que te ancle en una posible futura frustración.

Recuerda que a veces, una retirada a tiempo puede ser una victoria.

Y tú, ¿Qué opinas de todo esto?

Eso es justo lo que me gustaría conocer a continuación.

En este extenso artículo, he intentado exponerte los motivos más frecuentes para realizar un doctorado ordenados según su utilidad potencial para mantenerte comprometido y motivado.

Por otro lado, también te he puesto en las peores situaciones posibles, desvelándote las resistencias que más pueden lastrar tu camino académico.

Finalmente, te he dado mi opinión acerca de sí deberías o no hacer un doctorado. Y la respuesta ha sido sí, pero con matices.

Ahora y por complementar aún más este artículo para que todo el mundo pueda ampliar su perspectiva sobre la temática, me gustaría conocer tu caso y opinión:

¿Qué piensas tú de todo esto?

¿Cuales son tus motivos para realizar un/tu doctorado?

¿Te has topado alguna vez con alguno de los obstáculos que te he mencionado?

¿Piensas que mi visión está muy sesgada? O en cambio, ¿se ajusta bastante a la realidad académica?

Déjame tu comentario más abajo, nos encantaría conocer tu parecer.

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Sobre mí

Pedro Margolles

Graduado en Psicología por la UNED. Diplomado y Graduado en Enfermería por la Universidad de Oviedo y Salamanca respectivamente. Máster en Investigación en Neurociencia Cognitiva por la Universidad del País Vasco. Investigador pre-doctoral en Neurociencia Cognitiva por la Universidad del País Vasco y el BCBL. Fundador de la primera escuela on-line para científicos NeoScientia.com

  • Hola a todos, acabo de leer el artículo y me sentí identificada en numerosos párrafos.
    Para contextualizarlos tengo 37 años, casada hace 2 años y acabo de doctorarme hace unos meses. La verdad creo que lo inicié porque obtuve una beca en mi trabajo para realizar un posgrado y sabía que este título me abriría puertas en mi carrera de investigadora, y un poco también fue una para satisfacer una inquietud y como reto personal.
    En el proceso pasé por numerosos obstáculos: tareas laborales extra posgrado y actividades del posgrado, dificultad para la elección del tema, ansiedad e incertidumbre cuando a lo largo del proceso vi que muchas cosas que se plantearon ya estaban hechas en el mundo, dificultad para costear ensayos, luchas de egos a montones, etc. En más de una oportunidad tuve el sentimiento de ¡Tiro todo y me dedico a otra cosa!…En fin, me sentí muy reflejada en las palabras de Pedro.
    Hoy, a unos meses de haber alcanzado la meta siento que lo volvería a hacer, quizá tratando de entender estas dinámicas que, por lo que veo, se repiten en todos lados y de mil maneras, aceptando las mismas sin sentir el agobio del proceso.
    Sin embargo hoy puedo confirmar que a pesar de todo ¡Vale la pena intentarlo!

    • Muchas gracias por tu comentario y por trasmitirnos tu experiencia, Constanza. Lo cierto es que, como bien dices y aunque sea duro reconocerlo, lo que mencionáis por vuestras experiencias parece ser más la tónica general que simples casos aislados. Me alegra mucho saber que persististe a pesar de las dificultades, fuiste resiliente y que has podido sacar provecho de la oportunidad del doctorado. Coincido plenamente en que merece la pena intentarlo, siempre es posible aprender algo muy positivo de cara a nuestro futuro 🙂 Gracias de nuevo, Constanza.

  • Acabo de leer el artículo con mucho interés, sobre todo porque soy doctoranda y tengo 50 años.
    En mi opinión, estoy 100% de acuerdo con cada palabra del artículo al pie de la letra. Terminar un doctorado implica hacer frente a mucha incertidumbre, dedicación, compromiso y sacrificios vitales.

    En mi situación particular tengo familia, estoy casada y tengo dos hijos en la universidad. Tengo en mi cv, carrera, master, y muchísimos cursos, entre ellos informática, idiomas y estadística, estos últimos entre el máster y el doctorado. Por lo tanto, no supuso un reto acomodarme a las exigencias en ese sentido. Tal vez sería un reto mayor empezar luego de años de no leer en inglés y sin formación estadística básica, pero hay programas que lo suplen con complementos formativos para quien está en esa situación.

    Sin embargo, aún así nunca es fácil. Per se, estudiar un grado/master ya es un reto trabajando, siendo madre y enfrentando diversos problemas cotidianos. El doctorado complica aún más la situación, pues la cantidad de material y trabajo es inmensamente mayor y más compleja. La vida misma interrumpe muchísimo las etapas de estudio, concentración y análisis, o bien debes exigirte demasiado en áreas de la calidad, teniendo en cuenta que si aspiras a otra oportunidad competitiva (becas), no puedes darte el lujo de bajar las notas abajo de 7 (grado/master) o publicar en revistas de bajo rigor académico. Yo para el doctorado no he tenido becas, me lo financio yo misma (y no es por bajas notas académicas, sino porque son muy pocas y muy competitivas).

    Cuando terminé el máster hablé del tema con un profesor de excelente trayectoria investigativa, y me dijo con humor que el área elegida en mi caso viniendo de mi trayectoria anterior, era un reto superior a pintarse de sangre y echarse a los lobos ja ja ja. Aún así, tomé el riesgo. Mis motivaciones eran precisamente las de la infografía de este artículo pintadas en verde (adquirir determinadas competencias, especializarme en un área concreta, y si sale bien, cumplir mi sueño de ser profesora universitaria e investigadora, siendo consciente que es muy probable que no lo consiga (y no lo digo por un tema de autoestima, sino por la falta de oportunidades). Igualmente esta meta también era satisfacer una inquietud y reto personal. Soy muy curiosa y la investigación me encanta.

    Pero los obstáculos son muchos, sobre todo financieros, que te hacen compatibilizar el tiempo con mil tareas, por organizada que seas. Tienes que leer muchísimo, procesar, discriminar, pensar y requiere mucha dedicación, aún en tiempo parcial, si pretendes obtener una tesis que minimamente te haga sentir orgullosa.

    La visión de Pedro NO es sesgada, y se ajusta 100% a lo que es. Aun mismo aceptando el reto, te encuentras con otros desafíos más allá de los hablados. Por ejemplo: yo primero empecé un programa dentro del área que buscaba, y una vez dentro me encontré también con otras sorpresas: no poder elegir yo el tema (no lo aconsejo, pues no puedes trabajar años en algo que no te hace feliz), hostilidad competitiva (cuando quedas en medio de guerras de tutores/departamentos), y sentimiento de que el trabajo no aportaba nada novedoso (peor aún, claramente mediocre y obsoleto). Me costó renunciar, porque como cuenta Pedro, invertí mucho tiempo y dinero que no me sobraba en ello. Pero hoy no me arrepiento. Empecé otro programa dentro de la misma área, pero en otra universidad y fué un renacer. Es muchísimo más exigente por diferencia, pero aprendí muchísimo y el tema me encanta. Cuando das con la universidad adecuada, todo puede cambiar completamente. Incluso cuando crees estar muy bien situad@ en conocimientos previos (otro doctorado, por ejemplo), aún tienes mucho por aprender (a veces te pasa cuando cambias de facultad). Por suerte yo siempre tuve en mente aprender, y eso implica estar en una posición abierta y humilde con quienes llevan años publicando en revistas de impacto.

    Hoy por hoy, si me preguntáis si lo volvería a hacer, es un SI rotundo. Es mucho lo que aprendes y la seguridad que obtienes, no tiene precio. Una vez que aprendes a moverte en el mundillo seguro que no lo cambias por nada. La edad, para nada es un obstáculo si siempre has sido un lifelong learner, alguien que no para de leer y aprender. De hecho, me encanta estar entre compañeros más jóvenes porque aprendes también mucho de sus visiones, tanto como de compañeros de otras nacionalidades. En mi caso, la universidad me acerca también más a mis hijos, porque compartimos retos, avances y frustraciones.

    Pero el tema económico y laboral si es algo que debes sopesar. Pues trabajando y con responsabilidades familiares cuesta mucho llegar a la fecha de evaluación (en doctorado, una evaluación negativa no solucionada superada a los 6 meses supone la baja definitiva del programa. Aún así, con los consejos y herramientas que dio Pedro en el ebook (yo uso muchos de esos ya desde el master) si te organizas, no es imposible. El midfulness, asimismo, ayuda mucho en las etapas mas tensas.

    Respecto a compartir tiempo con la familia y amigos, es más fácil organizarte y ser comprendido si estás en un grupo que estudia, que si eres parte de una familia donde tú eres la única persona que investiga/estudia. Cuando son varios, el tiempo libre y las relaciones se sincronizan mas fácil, porque están en tu misma situación y entonces se trata de coincidir en zonas comunes, y horas comunes y aprovecharlas al máximo. Otra cosa que aconsejo es nunca dejar de hacer media hora diaria de ejercicio. Dejar de hacerlo, aunque solo sean pequeñas rutinas, es un error que se paga caro. Ayuda tener una cinta de correr en casa.

    En fin. Como ya dije, creo que el artículo de Pedro es sumamente realista: se ajusta 100% a lo que es. Dicho esto y lejos de masoquismo, la experiencia (si sabes lo que buscas) es inolvidable. Al menos en mi experiencia.

    • ¡Wow! Muchísimas gracias por aportarnos tanto valor con tu experiencia, María. Sobran las palabras porque ya las has puesto todas tú. Sencillamente una descripción fidedigna de lo que significa el doctorado para muchos en estas circunstancias. Por lo que nos cuentas, debió ser una experiencia repleta de aprendizajes, pero también de constantes obstáculos. El cómo las superaste dice mucho de lo valiente y constante que parece que eres. Estoy seguro de que a muchas más personas que lean este artículo les será de tremenda utilidad conocer tus vivencias. Gracias de nuevo por tu generosidad, María.

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